“La psicología humanista no se explica ¡SE VIVE!”.

La mejor forma de saber lo que es la psicología humanista es experimentarla, puesto que asistir a este tipo de terapia es una experiencia, y como cualquier experiencia, es muy difícil de transmitir. O si no: ¿cómo le explicarías tú a alguien, la experiencia de meterte en el mar o de montar en montaña rusa? Se puede intentar, pero la persona no va a SABER realmente lo que es, hasta que lo viva. Por tanto, lo que voy a tratar de hacer en estas líneas, es exponerlo desde la teoría, desde lo mental, que es sólo una pequeña parte de la realidad.

La psicología humanista sirve para tratar casi todos los tipos de conflictos que afectan a la mente, a la emoción o al alma de la persona, ya que no se trabaja con tratamientos prefijados, sino que se adapta a cada individuo, e incluso, a cada momento de una persona.

Se da mucha importancia a la relación que se crea entre el psicólogo y el cliente, es una relación de persona a persona, y se utiliza para apoyar el proceso terapéutico. Como se trabaja con la relación, la terapia suele ayudar también a que mejoren el resto de las relaciones del cliente. La psicología humanista se diferencia de otras corrientes psicológicas en la posición del psicólogo respecto del paciente, el psicólogo no es una autoridad experta en la vida, o formas de pensar, o sentir del cliente, no es el que más sabe de sus problemas, es un facilitador para la auténtica experta: la persona que acude a consulta.

El consejo, la sugestión, o las presiones para que siga un curso de acción determinado no tienen cabida, puesto que se basa en una filosofía de respeto a la capacidad y a la independencia de la persona.  De esto se desprenden varias consecuencias: por un lado, la responsabilidad del proceso es compartida entre el cliente y el terapeuta; y por otro, es una psicología con un enfoque positivo, que presta atención a las partes “sanas” del individuo e intenta rescatarlas y que sean utilizadas a su favor. Y es que, la tendencia natural de todas las personas es hacia la maduración, hacia el crecimiento… Somos como la flor de la foto, que busca cualquier resquicio de espacio para crecer y encuentra todo lo que necesita para florecer, incluso en las circunstancias menos apropiadas.

Otra característica es que concibe a la persona como un todo, en la que lo físico, lo mental, lo emocional y lo espiritual está relacionado, y cuando un aspecto se modifica, se influye en el resto. Y cuando uno se enferma, el resto de aspectos se afectan.

La psicología humanista también se distingue de otras corrientes por su relación con el síntoma y la enfermedad, antes que eliminarlos pretende escucharlos, para acceder al conflicto interno que los está provocando. Esto se ve claro con un ejemplo médico: si te duele un brazo en vez de tomarte un analgésico puede ser conveniente ver qué es lo que provoca el dolor (quizás está partido, luxado o quizás alguien te está apretando). Si tienes ansiedad o depresión, a lo mejor éstas son manifestaciones de que hay cosas en tu vida que quieres revisar.

Y finalmente añadir que la psicología humanista se nutre de diversas corrientes técnicas y teóricas como son: la gestalt, el análisis transaccional, la terapia centrada en el cliente, el psicodrama y la bio-energética, entre otras. Yo, principalmente trabajo con la psicoterapia centrada en el cliente (escucha empática) y con la terapia gestalt.

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